El ñandú criollo. Juan Carlos Zabala: desde la Colonia Gutiérrez hasta convertirse en campeón olímpico en Los Ángeles

El histórico atleta nacional tuvo su amanecer deportivo en Marcos Paz, donde vivió durante su infancia tras quedar huérfano. El hogar de niños de la ciudad sería el lugar donde comenzaría a construir su carrera que lo llevaría a coronarse con el oro en 1932

El ñandú criollo. Juan Carlos Zabala: desde la Colonia Gutiérrez hasta convertirse en campeón olímpico en Los Ángeles

El histórico atleta nacional tuvo su amanecer deportivo en Marcos Paz, donde vivió durante su infancia tras quedar huérfano. El hogar de niños de la ciudad sería el lugar donde comenzaría a construir su carrera que lo llevaría a coronarse con el oro en 1932

Juan Carlos Zabala (1911-1983) fue un emblemático deportista argentino que desarrolló destreza en diversas disciplinas como el básquet o la natación, pero entró a la historia del atletismo nacional cuando ganó la maratón de Los Ángeles en 1932 y se coronó campeón olímpico. Huérfano y bajo el cuidado de su padrino, «Zabalita» forjaría su despliegue físico en tierras marcospasenses.

Hay diversas versiones sobre hechos de su vida y aunque hay datos apócrifos hasta de su lugar y fecha de nacimiento, oficialmente se registra que el niño nació en 1911 en Rosario. Zabala quedó huérfano cuando su padre, un almirante francés, murió en la guerra en 1914, y su madre falleció luego de enterarse del deceso de su pareja (aunque el mismo Zabala relató los hechos, hay historiadores que no pudieron comprobarlos). Luego de estos trágicos acontecimientos, el niño comenzaría a vivir en la casa de su padrino, el doctor Alfonso Cabral, que era defensor de menores. En ese contexto, cualquier travesura le costaría a «Zabalita» algunos días en un lugar que marcaría a fuego su historia: el hogar de niños de Marcos Paz.

Fue así como Juan Carlos Zabala, bajito y de poco peso, comenzó a frecuentar la Colonia Hogar Ricardo Gutiérrez que lejos había quedado del reformatorio que era años atrás y se había convertido, en cambio, en un lugar donde empezaría a sentarse cimientos de nuevas vidas, a través del cultivo de los niños internados en la vocación por la tierra, por la pintura y por la albañilería.

«Creían castigarme. Lo cierto es que yo mismo me procuraba las ‘vacaciones’. Estaba solo en aquella inmensa mansión y me aburría mucho. Por eso prefería que me mandasen allá, con los demás muchachos. Allí jugaba, hacía deportes, me divertía», contó Zabala en un relato que forma parte de un texto de Hernán Ceres en la revista Todo es Historia, de 1969. «Pero, ¿qué pasaba? A los quince días, en vistas de que me portaba bien, me mandaban de vuelta a la casa del doctor. Y entonces tenía que volver a hacer otro lío para regresar allá. Por eso, como dije, yo nunca estuve internado», aseguraba el atleta.

El deporte en la Colonia

Con una notable predisposición para el deporte, a los ocho años «Zabalita» se destacaba en natación y en básquet, y jugaba para un equipo de la Colonia. A los doce, el joven participó en un torneo de atletismo de Marcos Paz que contó con importantes corredores de la época. Según describe el texto de Ceres «Zabala era un chiquitín inquieto, decidor y, por sobre todo, muy atrevido».

El niño compitió ese día contra jóvenes de veinte años, y eso no fue algo que haya limitado al muchacho. Al contrario, “Zabalita” se paseaba altanero y presumía que le ganaría a todos. «Anda, quítate los pantalones largos y que te den unos cortos. Vas a correr contra ellos», le dijo un celador. Con asombro y alegría, Zabala acató valientemente la orden y se dispuso a la competencia.

La crónica que rememora esa fecha relata: «No se achicó y salió al frente. En la tercera vuelta a la pista, lo perdió de vista a Mariani, el crédito “foráneo”. Las burlas que se gastó, le valieron la promesa de una paliza y la orden de intervenir en otra prueba de 800 metros, que habría de correrse de inmediato (…) Y corrió… y le ganó nada menos que a Acosta, quien luego llegaría a ser campeón sudamericano».

“Pensaban que me achicaría… ¡Qué va! Si lo que siempre me sobró fue el alma torera”, iba a recordar años después el deportista.

Salida de Marcos Paz y la gloria

Importantes y consecutivos triunfos demostraron que Juan Carlos Zabala era más que una promesa. Un día, Marcos Paz le quedó chico a “Zabalita” y el profesor de la Colonia, Alejandro Stirling, decidió que debía abrir horizontes. De esta manera, el instructor comenzó a mostrarlo afuera.

El Ñandú Criollo, tal como lo apodó el diario Crítica, comparándolo, por su velocidad, con el ave corredora, emprendió una carrera en el atletismo que le abrió paso a nivel nacional donde ganó títulos locales y también un sudamericano, y finalmente lo hizo llegar a Europa, continente que conquistó en 1931 (36 carreras ganadas sobre 34).

Tras este ascenso en el deporte global, su día dorado llegaría el 7 de agosto de 1932, durante su participación en el Maratón olímpico en Los Ángeles, Estados Unidos. Allí consiguió el oro olímpico e hizo ondear la bandera Argentina en lo más alto del atletismo mundial. Su tiempo fue de 2 horas 31 minutos 36 segundos, récord para la época.

Zabala ganó la carrera de Los Ángeles 1932 en 2 horas, 31 minutos y 36 segundos

Su carrera olímpica continuaría, sin alcanzar nuevamente el oro, pero llegando a buenas marcas en el ranking mundial. En su vida, tan misteriosa como gloriosa, además de diversos laureles recibió los premios Konex de Platino Atletismo y Deportes Diploma al Mérito Atletismo (ambos en 1980).

Juan Carlos Zabala falleció en Buenos Aires, el 24 de enero de 1983, a los 71 años. Su legado quedará como una marca imborrable en la historia del deporte nacional y es orgullo de la localidad en donde se crío: Marcos Paz.

Para conmemorarlo, en la ciudad se corre la Maratón Zabala en la Colonia Gutiérrez, una actividad que se realiza cada año en honor a «zabalita», al ñandú criollo, al ganador de la medalla olímpica de oro en 1932.

Fernando Gigena

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El ñandú criollo. Juan Carlos Zabala: desde la Colonia Gutiérrez hasta convertirse en campeón olímpico en Los Ángeles

El histórico atleta nacional tuvo su amanecer deportivo en Marcos Paz, donde vivió durante su infancia tras quedar huérfano. El hogar de niños de la ciudad sería el lugar donde comenzaría a construir su carrera que lo llevaría a coronarse con el oro en 1932

Juan Carlos Zabala (1911-1983) fue un emblemático deportista argentino que desarrolló destreza en diversas disciplinas como el básquet o la natación, pero entró a la historia del atletismo nacional cuando ganó la maratón de Los Ángeles en 1932 y se coronó campeón olímpico. Huérfano y bajo el cuidado de su padrino, «Zabalita» forjaría su despliegue físico en tierras marcospasenses.

Hay diversas versiones sobre hechos de su vida y aunque hay datos apócrifos hasta de su lugar y fecha de nacimiento, oficialmente se registra que el niño nació en 1911 en Rosario. Zabala quedó huérfano cuando su padre, un almirante francés, murió en la guerra en 1914, y su madre falleció luego de enterarse del deceso de su pareja (aunque el mismo Zabala relató los hechos, hay historiadores que no pudieron comprobarlos). Luego de estos trágicos acontecimientos, el niño comenzaría a vivir en la casa de su padrino, el doctor Alfonso Cabral, que era defensor de menores. En ese contexto, cualquier travesura le costaría a «Zabalita» algunos días en un lugar que marcaría a fuego su historia: el hogar de niños de Marcos Paz.

Fue así como Juan Carlos Zabala, bajito y de poco peso, comenzó a frecuentar la Colonia Hogar Ricardo Gutiérrez que lejos había quedado del reformatorio que era años atrás y se había convertido, en cambio, en un lugar donde empezaría a sentarse cimientos de nuevas vidas, a través del cultivo de los niños internados en la vocación por la tierra, por la pintura y por la albañilería.

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«Creían castigarme. Lo cierto es que yo mismo me procuraba las ‘vacaciones’. Estaba solo en aquella inmensa mansión y me aburría mucho. Por eso prefería que me mandasen allá, con los demás muchachos. Allí jugaba, hacía deportes, me divertía», contó Zabala en un relato que forma parte de un texto de Hernán Ceres en la revista Todo es Historia, de 1969. «Pero, ¿qué pasaba? A los quince días, en vistas de que me portaba bien, me mandaban de vuelta a la casa del doctor. Y entonces tenía que volver a hacer otro lío para regresar allá. Por eso, como dije, yo nunca estuve internado», aseguraba el atleta.

El deporte en la Colonia

Con una notable predisposición para el deporte, a los ocho años «Zabalita» se destacaba en natación y en básquet, y jugaba para un equipo de la Colonia. A los doce, el joven participó en un torneo de atletismo de Marcos Paz que contó con importantes corredores de la época. Según describe el texto de Ceres «Zabala era un chiquitín inquieto, decidor y, por sobre todo, muy atrevido».

El niño compitió ese día contra jóvenes de veinte años, y eso no fue algo que haya limitado al muchacho. Al contrario, “Zabalita” se paseaba altanero y presumía que le ganaría a todos. «Anda, quítate los pantalones largos y que te den unos cortos. Vas a correr contra ellos», le dijo un celador. Con asombro y alegría, Zabala acató valientemente la orden y se dispuso a la competencia.

La crónica que rememora esa fecha relata: «No se achicó y salió al frente. En la tercera vuelta a la pista, lo perdió de vista a Mariani, el crédito “foráneo”. Las burlas que se gastó, le valieron la promesa de una paliza y la orden de intervenir en otra prueba de 800 metros, que habría de correrse de inmediato (…) Y corrió… y le ganó nada menos que a Acosta, quien luego llegaría a ser campeón sudamericano».

“Pensaban que me achicaría… ¡Qué va! Si lo que siempre me sobró fue el alma torera”, iba a recordar años después el deportista.

Salida de Marcos Paz y la gloria

Importantes y consecutivos triunfos demostraron que Juan Carlos Zabala era más que una promesa. Un día, Marcos Paz le quedó chico a “Zabalita” y el profesor de la Colonia, Alejandro Stirling, decidió que debía abrir horizontes. De esta manera, el instructor comenzó a mostrarlo afuera.

El Ñandú Criollo, tal como lo apodó el diario Crítica, comparándolo, por su velocidad, con el ave corredora, emprendió una carrera en el atletismo que le abrió paso a nivel nacional donde ganó títulos locales y también un sudamericano, y finalmente lo hizo llegar a Europa, continente que conquistó en 1931 (36 carreras ganadas sobre 34).

Tras este ascenso en el deporte global, su día dorado llegaría el 7 de agosto de 1932, durante su participación en el Maratón olímpico en Los Ángeles, Estados Unidos. Allí consiguió el oro olímpico e hizo ondear la bandera Argentina en lo más alto del atletismo mundial. Su tiempo fue de 2 horas 31 minutos 36 segundos, récord para la época.

Zabala ganó la carrera de Los Ángeles 1932 en 2 horas, 31 minutos y 36 segundos

Su carrera olímpica continuaría, sin alcanzar nuevamente el oro, pero llegando a buenas marcas en el ranking mundial. En su vida, tan misteriosa como gloriosa, además de diversos laureles recibió los premios Konex de Platino Atletismo y Deportes Diploma al Mérito Atletismo (ambos en 1980).

Juan Carlos Zabala falleció en Buenos Aires, el 24 de enero de 1983, a los 71 años. Su legado quedará como una marca imborrable en la historia del deporte nacional y es orgullo de la localidad en donde se crío: Marcos Paz.

Para conmemorarlo, en la ciudad se corre la Maratón Zabala en la Colonia Gutiérrez, una actividad que se realiza cada año en honor a «zabalita», al ñandú criollo, al ganador de la medalla olímpica de oro en 1932.

Fernando Gigena

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Juan Carlos Zabala (1911-1983) fue un emblemático deportista argentino que desarrolló destreza en diversas disciplinas como el básquet o la natación, pero entró a la historia del atletismo nacional cuando ganó la maratón de Los Ángeles en 1932 y se coronó campeón olímpico. Huérfano y bajo el cuidado de su padrino, «Zabalita» forjaría su despliegue físico en tierras marcospasenses.

Hay diversas versiones sobre hechos de su vida y aunque hay datos apócrifos hasta de su lugar y fecha de nacimiento, oficialmente se registra que el niño nació en 1911 en Rosario. Zabala quedó huérfano cuando su padre, un almirante francés, murió en la guerra en 1914, y su madre falleció luego de enterarse del deceso de su pareja (aunque el mismo Zabala relató los hechos, hay historiadores que no pudieron comprobarlos). Luego de estos trágicos acontecimientos, el niño comenzaría a vivir en la casa de su padrino, el doctor Alfonso Cabral, que era defensor de menores. En ese contexto, cualquier travesura le costaría a «Zabalita» algunos días en un lugar que marcaría a fuego su historia: el hogar de niños de Marcos Paz.

Fue así como Juan Carlos Zabala, bajito y de poco peso, comenzó a frecuentar la Colonia Hogar Ricardo Gutiérrez que lejos había quedado del reformatorio que era años atrás y se había convertido, en cambio, en un lugar donde empezaría a sentarse cimientos de nuevas vidas, a través del cultivo de los niños internados en la vocación por la tierra, por la pintura y por la albañilería.

«Creían castigarme. Lo cierto es que yo mismo me procuraba las ‘vacaciones’. Estaba solo en aquella inmensa mansión y me aburría mucho. Por eso prefería que me mandasen allá, con los demás muchachos. Allí jugaba, hacía deportes, me divertía», contó Zabala en un relato que forma parte de un texto de Hernán Ceres en la revista Todo es Historia, de 1969. «Pero, ¿qué pasaba? A los quince días, en vistas de que me portaba bien, me mandaban de vuelta a la casa del doctor. Y entonces tenía que volver a hacer otro lío para regresar allá. Por eso, como dije, yo nunca estuve internado», aseguraba el atleta.

El deporte en la Colonia

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Con una notable predisposición para el deporte, a los ocho años «Zabalita» se destacaba en natación y en básquet, y jugaba para un equipo de la Colonia. A los doce, el joven participó en un torneo de atletismo de Marcos Paz que contó con importantes corredores de la época. Según describe el texto de Ceres «Zabala era un chiquitín inquieto, decidor y, por sobre todo, muy atrevido».

El niño compitió ese día contra jóvenes de veinte años, y eso no fue algo que haya limitado al muchacho. Al contrario, “Zabalita” se paseaba altanero y presumía que le ganaría a todos. «Anda, quítate los pantalones largos y que te den unos cortos. Vas a correr contra ellos», le dijo un celador. Con asombro y alegría, Zabala acató valientemente la orden y se dispuso a la competencia.

La crónica que rememora esa fecha relata: «No se achicó y salió al frente. En la tercera vuelta a la pista, lo perdió de vista a Mariani, el crédito “foráneo”. Las burlas que se gastó, le valieron la promesa de una paliza y la orden de intervenir en otra prueba de 800 metros, que habría de correrse de inmediato (…) Y corrió… y le ganó nada menos que a Acosta, quien luego llegaría a ser campeón sudamericano».

“Pensaban que me achicaría… ¡Qué va! Si lo que siempre me sobró fue el alma torera”, iba a recordar años después el deportista.

Salida de Marcos Paz y la gloria

Importantes y consecutivos triunfos demostraron que Juan Carlos Zabala era más que una promesa. Un día, Marcos Paz le quedó chico a “Zabalita” y el profesor de la Colonia, Alejandro Stirling, decidió que debía abrir horizontes. De esta manera, el instructor comenzó a mostrarlo afuera.

El Ñandú Criollo, tal como lo apodó el diario Crítica, comparándolo, por su velocidad, con el ave corredora, emprendió una carrera en el atletismo que le abrió paso a nivel nacional donde ganó títulos locales y también un sudamericano, y finalmente lo hizo llegar a Europa, continente que conquistó en 1931 (36 carreras ganadas sobre 34).

Tras este ascenso en el deporte global, su día dorado llegaría el 7 de agosto de 1932, durante su participación en el Maratón olímpico en Los Ángeles, Estados Unidos. Allí consiguió el oro olímpico e hizo ondear la bandera Argentina en lo más alto del atletismo mundial. Su tiempo fue de 2 horas 31 minutos 36 segundos, récord para la época.

Zabala ganó la carrera de Los Ángeles 1932 en 2 horas, 31 minutos y 36 segundos

Su carrera olímpica continuaría, sin alcanzar nuevamente el oro, pero llegando a buenas marcas en el ranking mundial. En su vida, tan misteriosa como gloriosa, además de diversos laureles recibió los premios Konex de Platino Atletismo y Deportes Diploma al Mérito Atletismo (ambos en 1980).

Juan Carlos Zabala falleció en Buenos Aires, el 24 de enero de 1983, a los 71 años. Su legado quedará como una marca imborrable en la historia del deporte nacional y es orgullo de la localidad en donde se crío: Marcos Paz.

Para conmemorarlo, en la ciudad se corre la Maratón Zabala en la Colonia Gutiérrez, una actividad que se realiza cada año en honor a «zabalita», al ñandú criollo, al ganador de la medalla olímpica de oro en 1932.

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Juan Carlos Zabala (1911-1983) fue un emblemático deportista argentino que desarrolló destreza en diversas disciplinas como el básquet o la natación, pero entró a la historia del atletismo nacional cuando ganó la maratón de Los Ángeles en 1932 y se coronó campeón olímpico. Huérfano y bajo el cuidado de su padrino, «Zabalita» forjaría su despliegue físico en tierras marcospasenses.

Hay diversas versiones sobre hechos de su vida y aunque hay datos apócrifos hasta de su lugar y fecha de nacimiento, oficialmente se registra que el niño nació en 1911 en Rosario. Zabala quedó huérfano cuando su padre, un almirante francés, murió en la guerra en 1914, y su madre falleció luego de enterarse del deceso de su pareja (aunque el mismo Zabala relató los hechos, hay historiadores que no pudieron comprobarlos). Luego de estos trágicos acontecimientos, el niño comenzaría a vivir en la casa de su padrino, el doctor Alfonso Cabral, que era defensor de menores. En ese contexto, cualquier travesura le costaría a «Zabalita» algunos días en un lugar que marcaría a fuego su historia: el hogar de niños de Marcos Paz.

Fue así como Juan Carlos Zabala, bajito y de poco peso, comenzó a frecuentar la Colonia Hogar Ricardo Gutiérrez que lejos había quedado del reformatorio que era años atrás y se había convertido, en cambio, en un lugar donde empezaría a sentarse cimientos de nuevas vidas, a través del cultivo de los niños internados en la vocación por la tierra, por la pintura y por la albañilería.

«Creían castigarme. Lo cierto es que yo mismo me procuraba las ‘vacaciones’. Estaba solo en aquella inmensa mansión y me aburría mucho. Por eso prefería que me mandasen allá, con los demás muchachos. Allí jugaba, hacía deportes, me divertía», contó Zabala en un relato que forma parte de un texto de Hernán Ceres en la revista Todo es Historia, de 1969. «Pero, ¿qué pasaba? A los quince días, en vistas de que me portaba bien, me mandaban de vuelta a la casa del doctor. Y entonces tenía que volver a hacer otro lío para regresar allá. Por eso, como dije, yo nunca estuve internado», aseguraba el atleta.

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Con una notable predisposición para el deporte, a los ocho años «Zabalita» se destacaba en natación y en básquet, y jugaba para un equipo de la Colonia. A los doce, el joven participó en un torneo de atletismo de Marcos Paz que contó con importantes corredores de la época. Según describe el texto de Ceres «Zabala era un chiquitín inquieto, decidor y, por sobre todo, muy atrevido».

El niño compitió ese día contra jóvenes de veinte años, y eso no fue algo que haya limitado al muchacho. Al contrario, “Zabalita” se paseaba altanero y presumía que le ganaría a todos. «Anda, quítate los pantalones largos y que te den unos cortos. Vas a correr contra ellos», le dijo un celador. Con asombro y alegría, Zabala acató valientemente la orden y se dispuso a la competencia.

La crónica que rememora esa fecha relata: «No se achicó y salió al frente. En la tercera vuelta a la pista, lo perdió de vista a Mariani, el crédito “foráneo”. Las burlas que se gastó, le valieron la promesa de una paliza y la orden de intervenir en otra prueba de 800 metros, que habría de correrse de inmediato (…) Y corrió… y le ganó nada menos que a Acosta, quien luego llegaría a ser campeón sudamericano».

“Pensaban que me achicaría… ¡Qué va! Si lo que siempre me sobró fue el alma torera”, iba a recordar años después el deportista.

Salida de Marcos Paz y la gloria

Importantes y consecutivos triunfos demostraron que Juan Carlos Zabala era más que una promesa. Un día, Marcos Paz le quedó chico a “Zabalita” y el profesor de la Colonia, Alejandro Stirling, decidió que debía abrir horizontes. De esta manera, el instructor comenzó a mostrarlo afuera.

El Ñandú Criollo, tal como lo apodó el diario Crítica, comparándolo, por su velocidad, con el ave corredora, emprendió una carrera en el atletismo que le abrió paso a nivel nacional donde ganó títulos locales y también un sudamericano, y finalmente lo hizo llegar a Europa, continente que conquistó en 1931 (36 carreras ganadas sobre 34).

Tras este ascenso en el deporte global, su día dorado llegaría el 7 de agosto de 1932, durante su participación en el Maratón olímpico en Los Ángeles, Estados Unidos. Allí consiguió el oro olímpico e hizo ondear la bandera Argentina en lo más alto del atletismo mundial. Su tiempo fue de 2 horas 31 minutos 36 segundos, récord para la época.

Zabala ganó la carrera de Los Ángeles 1932 en 2 horas, 31 minutos y 36 segundos

Su carrera olímpica continuaría, sin alcanzar nuevamente el oro, pero llegando a buenas marcas en el ranking mundial. En su vida, tan misteriosa como gloriosa, además de diversos laureles recibió los premios Konex de Platino Atletismo y Deportes Diploma al Mérito Atletismo (ambos en 1980).

Juan Carlos Zabala falleció en Buenos Aires, el 24 de enero de 1983, a los 71 años. Su legado quedará como una marca imborrable en la historia del deporte nacional y es orgullo de la localidad en donde se crío: Marcos Paz.

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El ñandú criollo. Juan Carlos Zabala: desde la Colonia Gutiérrez hasta convertirse en campeón olímpico en Los Ángeles

El histórico atleta nacional tuvo su amanecer deportivo en Marcos Paz, donde vivió durante su infancia tras quedar huérfano. El hogar de niños de la ciudad sería el lugar donde comenzaría a construir su carrera que lo llevaría a coronarse con el oro en 1932

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Juan Carlos Zabala (1911-1983) fue un emblemático deportista argentino que desarrolló destreza en diversas disciplinas como el básquet o la natación, pero entró a la historia del atletismo nacional cuando ganó la maratón de Los Ángeles en 1932 y se coronó campeón olímpico. Huérfano y bajo el cuidado de su padrino, «Zabalita» forjaría su despliegue físico en tierras marcospasenses.

Hay diversas versiones sobre hechos de su vida y aunque hay datos apócrifos hasta de su lugar y fecha de nacimiento, oficialmente se registra que el niño nació en 1911 en Rosario. Zabala quedó huérfano cuando su padre, un almirante francés, murió en la guerra en 1914, y su madre falleció luego de enterarse del deceso de su pareja (aunque el mismo Zabala relató los hechos, hay historiadores que no pudieron comprobarlos). Luego de estos trágicos acontecimientos, el niño comenzaría a vivir en la casa de su padrino, el doctor Alfonso Cabral, que era defensor de menores. En ese contexto, cualquier travesura le costaría a «Zabalita» algunos días en un lugar que marcaría a fuego su historia: el hogar de niños de Marcos Paz.

Fue así como Juan Carlos Zabala, bajito y de poco peso, comenzó a frecuentar la Colonia Hogar Ricardo Gutiérrez que lejos había quedado del reformatorio que era años atrás y se había convertido, en cambio, en un lugar donde empezaría a sentarse cimientos de nuevas vidas, a través del cultivo de los niños internados en la vocación por la tierra, por la pintura y por la albañilería.

«Creían castigarme. Lo cierto es que yo mismo me procuraba las ‘vacaciones’. Estaba solo en aquella inmensa mansión y me aburría mucho. Por eso prefería que me mandasen allá, con los demás muchachos. Allí jugaba, hacía deportes, me divertía», contó Zabala en un relato que forma parte de un texto de Hernán Ceres en la revista Todo es Historia, de 1969. «Pero, ¿qué pasaba? A los quince días, en vistas de que me portaba bien, me mandaban de vuelta a la casa del doctor. Y entonces tenía que volver a hacer otro lío para regresar allá. Por eso, como dije, yo nunca estuve internado», aseguraba el atleta.

El deporte en la Colonia

Con una notable predisposición para el deporte, a los ocho años «Zabalita» se destacaba en natación y en básquet, y jugaba para un equipo de la Colonia. A los doce, el joven participó en un torneo de atletismo de Marcos Paz que contó con importantes corredores de la época. Según describe el texto de Ceres «Zabala era un chiquitín inquieto, decidor y, por sobre todo, muy atrevido».

El niño compitió ese día contra jóvenes de veinte años, y eso no fue algo que haya limitado al muchacho. Al contrario, “Zabalita” se paseaba altanero y presumía que le ganaría a todos. «Anda, quítate los pantalones largos y que te den unos cortos. Vas a correr contra ellos», le dijo un celador. Con asombro y alegría, Zabala acató valientemente la orden y se dispuso a la competencia.

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“Pensaban que me achicaría… ¡Qué va! Si lo que siempre me sobró fue el alma torera”, iba a recordar años después el deportista.

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Importantes y consecutivos triunfos demostraron que Juan Carlos Zabala era más que una promesa. Un día, Marcos Paz le quedó chico a “Zabalita” y el profesor de la Colonia, Alejandro Stirling, decidió que debía abrir horizontes. De esta manera, el instructor comenzó a mostrarlo afuera.

El Ñandú Criollo, tal como lo apodó el diario Crítica, comparándolo, por su velocidad, con el ave corredora, emprendió una carrera en el atletismo que le abrió paso a nivel nacional donde ganó títulos locales y también un sudamericano, y finalmente lo hizo llegar a Europa, continente que conquistó en 1931 (36 carreras ganadas sobre 34).

Tras este ascenso en el deporte global, su día dorado llegaría el 7 de agosto de 1932, durante su participación en el Maratón olímpico en Los Ángeles, Estados Unidos. Allí consiguió el oro olímpico e hizo ondear la bandera Argentina en lo más alto del atletismo mundial. Su tiempo fue de 2 horas 31 minutos 36 segundos, récord para la época.

Zabala ganó la carrera de Los Ángeles 1932 en 2 horas, 31 minutos y 36 segundos

Su carrera olímpica continuaría, sin alcanzar nuevamente el oro, pero llegando a buenas marcas en el ranking mundial. En su vida, tan misteriosa como gloriosa, además de diversos laureles recibió los premios Konex de Platino Atletismo y Deportes Diploma al Mérito Atletismo (ambos en 1980).

Juan Carlos Zabala falleció en Buenos Aires, el 24 de enero de 1983, a los 71 años. Su legado quedará como una marca imborrable en la historia del deporte nacional y es orgullo de la localidad en donde se crío: Marcos Paz.

Para conmemorarlo, en la ciudad se corre la Maratón Zabala en la Colonia Gutiérrez, una actividad que se realiza cada año en honor a «zabalita», al ñandú criollo, al ganador de la medalla olímpica de oro en 1932.

Fernando Gigena

Juan Carlos Zabala (1911-1983) fue un emblemático deportista argentino que desarrolló destreza en diversas disciplinas como el básquet o la natación, pero entró a la historia del atletismo nacional cuando ganó la maratón de Los Ángeles en 1932 y se coronó campeón olímpico. Huérfano y bajo el cuidado de su padrino, «Zabalita» forjaría su despliegue físico en tierras marcospasenses.

Hay diversas versiones sobre hechos de su vida y aunque hay datos apócrifos hasta de su lugar y fecha de nacimiento, oficialmente se registra que el niño nació en 1911 en Rosario. Zabala quedó huérfano cuando su padre, un almirante francés, murió en la guerra en 1914, y su madre falleció luego de enterarse del deceso de su pareja (aunque el mismo Zabala relató los hechos, hay historiadores que no pudieron comprobarlos). Luego de estos trágicos acontecimientos, el niño comenzaría a vivir en la casa de su padrino, el doctor Alfonso Cabral, que era defensor de menores. En ese contexto, cualquier travesura le costaría a «Zabalita» algunos días en un lugar que marcaría a fuego su historia: el hogar de niños de Marcos Paz.

Fue así como Juan Carlos Zabala, bajito y de poco peso, comenzó a frecuentar la Colonia Hogar Ricardo Gutiérrez que lejos había quedado del reformatorio que era años atrás y se había convertido, en cambio, en un lugar donde empezaría a sentarse cimientos de nuevas vidas, a través del cultivo de los niños internados en la vocación por la tierra, por la pintura y por la albañilería.

«Creían castigarme. Lo cierto es que yo mismo me procuraba las ‘vacaciones’. Estaba solo en aquella inmensa mansión y me aburría mucho. Por eso prefería que me mandasen allá, con los demás muchachos. Allí jugaba, hacía deportes, me divertía», contó Zabala en un relato que forma parte de un texto de Hernán Ceres en la revista Todo es Historia, de 1969. «Pero, ¿qué pasaba? A los quince días, en vistas de que me portaba bien, me mandaban de vuelta a la casa del doctor. Y entonces tenía que volver a hacer otro lío para regresar allá. Por eso, como dije, yo nunca estuve internado», aseguraba el atleta.

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El niño compitió ese día contra jóvenes de veinte años, y eso no fue algo que haya limitado al muchacho. Al contrario, “Zabalita” se paseaba altanero y presumía que le ganaría a todos. «Anda, quítate los pantalones largos y que te den unos cortos. Vas a correr contra ellos», le dijo un celador. Con asombro y alegría, Zabala acató valientemente la orden y se dispuso a la competencia.

La crónica que rememora esa fecha relata: «No se achicó y salió al frente. En la tercera vuelta a la pista, lo perdió de vista a Mariani, el crédito “foráneo”. Las burlas que se gastó, le valieron la promesa de una paliza y la orden de intervenir en otra prueba de 800 metros, que habría de correrse de inmediato (…) Y corrió… y le ganó nada menos que a Acosta, quien luego llegaría a ser campeón sudamericano».

“Pensaban que me achicaría… ¡Qué va! Si lo que siempre me sobró fue el alma torera”, iba a recordar años después el deportista.

Salida de Marcos Paz y la gloria

Importantes y consecutivos triunfos demostraron que Juan Carlos Zabala era más que una promesa. Un día, Marcos Paz le quedó chico a “Zabalita” y el profesor de la Colonia, Alejandro Stirling, decidió que debía abrir horizontes. De esta manera, el instructor comenzó a mostrarlo afuera.

El Ñandú Criollo, tal como lo apodó el diario Crítica, comparándolo, por su velocidad, con el ave corredora, emprendió una carrera en el atletismo que le abrió paso a nivel nacional donde ganó títulos locales y también un sudamericano, y finalmente lo hizo llegar a Europa, continente que conquistó en 1931 (36 carreras ganadas sobre 34).

Tras este ascenso en el deporte global, su día dorado llegaría el 7 de agosto de 1932, durante su participación en el Maratón olímpico en Los Ángeles, Estados Unidos. Allí consiguió el oro olímpico e hizo ondear la bandera Argentina en lo más alto del atletismo mundial. Su tiempo fue de 2 horas 31 minutos 36 segundos, récord para la época.

Zabala ganó la carrera de Los Ángeles 1932 en 2 horas, 31 minutos y 36 segundos

Su carrera olímpica continuaría, sin alcanzar nuevamente el oro, pero llegando a buenas marcas en el ranking mundial. En su vida, tan misteriosa como gloriosa, además de diversos laureles recibió los premios Konex de Platino Atletismo y Deportes Diploma al Mérito Atletismo (ambos en 1980).

Juan Carlos Zabala falleció en Buenos Aires, el 24 de enero de 1983, a los 71 años. Su legado quedará como una marca imborrable en la historia del deporte nacional y es orgullo de la localidad en donde se crío: Marcos Paz.

Para conmemorarlo, en la ciudad se corre la Maratón Zabala en la Colonia Gutiérrez, una actividad que se realiza cada año en honor a «zabalita», al ñandú criollo, al ganador de la medalla olímpica de oro en 1932.

Fernando Gigena

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El ñandú criollo. Juan Carlos Zabala: desde la Colonia Gutiérrez hasta convertirse en campeón olímpico en Los Ángeles

El histórico atleta nacional tuvo su amanecer deportivo en Marcos Paz, donde vivió durante su infancia tras quedar huérfano. El hogar de niños de la ciudad sería el lugar donde comenzaría a construir su carrera que lo llevaría a coronarse con el oro en 1932

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Fernando Gigena
Periodismo. Leer y escribir.

Juan Carlos Zabala (1911-1983) fue un emblemático deportista argentino que desarrolló destreza en diversas disciplinas como el básquet o la natación, pero entró a la historia del atletismo nacional cuando ganó la maratón de Los Ángeles en 1932 y se coronó campeón olímpico. Huérfano y bajo el cuidado de su padrino, «Zabalita» forjaría su despliegue físico en tierras marcospasenses.

Hay diversas versiones sobre hechos de su vida y aunque hay datos apócrifos hasta de su lugar y fecha de nacimiento, oficialmente se registra que el niño nació en 1911 en Rosario. Zabala quedó huérfano cuando su padre, un almirante francés, murió en la guerra en 1914, y su madre falleció luego de enterarse del deceso de su pareja (aunque el mismo Zabala relató los hechos, hay historiadores que no pudieron comprobarlos). Luego de estos trágicos acontecimientos, el niño comenzaría a vivir en la casa de su padrino, el doctor Alfonso Cabral, que era defensor de menores. En ese contexto, cualquier travesura le costaría a «Zabalita» algunos días en un lugar que marcaría a fuego su historia: el hogar de niños de Marcos Paz.

Fue así como Juan Carlos Zabala, bajito y de poco peso, comenzó a frecuentar la Colonia Hogar Ricardo Gutiérrez que lejos había quedado del reformatorio que era años atrás y se había convertido, en cambio, en un lugar donde empezaría a sentarse cimientos de nuevas vidas, a través del cultivo de los niños internados en la vocación por la tierra, por la pintura y por la albañilería.

«Creían castigarme. Lo cierto es que yo mismo me procuraba las ‘vacaciones’. Estaba solo en aquella inmensa mansión y me aburría mucho. Por eso prefería que me mandasen allá, con los demás muchachos. Allí jugaba, hacía deportes, me divertía», contó Zabala en un relato que forma parte de un texto de Hernán Ceres en la revista Todo es Historia, de 1969. «Pero, ¿qué pasaba? A los quince días, en vistas de que me portaba bien, me mandaban de vuelta a la casa del doctor. Y entonces tenía que volver a hacer otro lío para regresar allá. Por eso, como dije, yo nunca estuve internado», aseguraba el atleta.

El deporte en la Colonia

Con una notable predisposición para el deporte, a los ocho años «Zabalita» se destacaba en natación y en básquet, y jugaba para un equipo de la Colonia. A los doce, el joven participó en un torneo de atletismo de Marcos Paz que contó con importantes corredores de la época. Según describe el texto de Ceres «Zabala era un chiquitín inquieto, decidor y, por sobre todo, muy atrevido».

El niño compitió ese día contra jóvenes de veinte años, y eso no fue algo que haya limitado al muchacho. Al contrario, “Zabalita” se paseaba altanero y presumía que le ganaría a todos. «Anda, quítate los pantalones largos y que te den unos cortos. Vas a correr contra ellos», le dijo un celador. Con asombro y alegría, Zabala acató valientemente la orden y se dispuso a la competencia.

La crónica que rememora esa fecha relata: «No se achicó y salió al frente. En la tercera vuelta a la pista, lo perdió de vista a Mariani, el crédito “foráneo”. Las burlas que se gastó, le valieron la promesa de una paliza y la orden de intervenir en otra prueba de 800 metros, que habría de correrse de inmediato (…) Y corrió… y le ganó nada menos que a Acosta, quien luego llegaría a ser campeón sudamericano».

“Pensaban que me achicaría… ¡Qué va! Si lo que siempre me sobró fue el alma torera”, iba a recordar años después el deportista.

Salida de Marcos Paz y la gloria

Importantes y consecutivos triunfos demostraron que Juan Carlos Zabala era más que una promesa. Un día, Marcos Paz le quedó chico a “Zabalita” y el profesor de la Colonia, Alejandro Stirling, decidió que debía abrir horizontes. De esta manera, el instructor comenzó a mostrarlo afuera.

El Ñandú Criollo, tal como lo apodó el diario Crítica, comparándolo, por su velocidad, con el ave corredora, emprendió una carrera en el atletismo que le abrió paso a nivel nacional donde ganó títulos locales y también un sudamericano, y finalmente lo hizo llegar a Europa, continente que conquistó en 1931 (36 carreras ganadas sobre 34).

Tras este ascenso en el deporte global, su día dorado llegaría el 7 de agosto de 1932, durante su participación en el Maratón olímpico en Los Ángeles, Estados Unidos. Allí consiguió el oro olímpico e hizo ondear la bandera Argentina en lo más alto del atletismo mundial. Su tiempo fue de 2 horas 31 minutos 36 segundos, récord para la época.

Zabala ganó la carrera de Los Ángeles 1932 en 2 horas, 31 minutos y 36 segundos

Su carrera olímpica continuaría, sin alcanzar nuevamente el oro, pero llegando a buenas marcas en el ranking mundial. En su vida, tan misteriosa como gloriosa, además de diversos laureles recibió los premios Konex de Platino Atletismo y Deportes Diploma al Mérito Atletismo (ambos en 1980).

Juan Carlos Zabala falleció en Buenos Aires, el 24 de enero de 1983, a los 71 años. Su legado quedará como una marca imborrable en la historia del deporte nacional y es orgullo de la localidad en donde se crío: Marcos Paz.

Para conmemorarlo, en la ciudad se corre la Maratón Zabala en la Colonia Gutiérrez, una actividad que se realiza cada año en honor a «zabalita», al ñandú criollo, al ganador de la medalla olímpica de oro en 1932.

Fernando Gigena

Juan Carlos Zabala (1911-1983) fue un emblemático deportista argentino que desarrolló destreza en diversas disciplinas como el básquet o la natación, pero entró a la historia del atletismo nacional cuando ganó la maratón de Los Ángeles en 1932 y se coronó campeón olímpico. Huérfano y bajo el cuidado de su padrino, «Zabalita» forjaría su despliegue físico en tierras marcospasenses.

Hay diversas versiones sobre hechos de su vida y aunque hay datos apócrifos hasta de su lugar y fecha de nacimiento, oficialmente se registra que el niño nació en 1911 en Rosario. Zabala quedó huérfano cuando su padre, un almirante francés, murió en la guerra en 1914, y su madre falleció luego de enterarse del deceso de su pareja (aunque el mismo Zabala relató los hechos, hay historiadores que no pudieron comprobarlos). Luego de estos trágicos acontecimientos, el niño comenzaría a vivir en la casa de su padrino, el doctor Alfonso Cabral, que era defensor de menores. En ese contexto, cualquier travesura le costaría a «Zabalita» algunos días en un lugar que marcaría a fuego su historia: el hogar de niños de Marcos Paz.

Fue así como Juan Carlos Zabala, bajito y de poco peso, comenzó a frecuentar la Colonia Hogar Ricardo Gutiérrez que lejos había quedado del reformatorio que era años atrás y se había convertido, en cambio, en un lugar donde empezaría a sentarse cimientos de nuevas vidas, a través del cultivo de los niños internados en la vocación por la tierra, por la pintura y por la albañilería.

«Creían castigarme. Lo cierto es que yo mismo me procuraba las ‘vacaciones’. Estaba solo en aquella inmensa mansión y me aburría mucho. Por eso prefería que me mandasen allá, con los demás muchachos. Allí jugaba, hacía deportes, me divertía», contó Zabala en un relato que forma parte de un texto de Hernán Ceres en la revista Todo es Historia, de 1969. «Pero, ¿qué pasaba? A los quince días, en vistas de que me portaba bien, me mandaban de vuelta a la casa del doctor. Y entonces tenía que volver a hacer otro lío para regresar allá. Por eso, como dije, yo nunca estuve internado», aseguraba el atleta.

El deporte en la Colonia

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Con una notable predisposición para el deporte, a los ocho años «Zabalita» se destacaba en natación y en básquet, y jugaba para un equipo de la Colonia. A los doce, el joven participó en un torneo de atletismo de Marcos Paz que contó con importantes corredores de la época. Según describe el texto de Ceres «Zabala era un chiquitín inquieto, decidor y, por sobre todo, muy atrevido».

El niño compitió ese día contra jóvenes de veinte años, y eso no fue algo que haya limitado al muchacho. Al contrario, “Zabalita” se paseaba altanero y presumía que le ganaría a todos. «Anda, quítate los pantalones largos y que te den unos cortos. Vas a correr contra ellos», le dijo un celador. Con asombro y alegría, Zabala acató valientemente la orden y se dispuso a la competencia.

La crónica que rememora esa fecha relata: «No se achicó y salió al frente. En la tercera vuelta a la pista, lo perdió de vista a Mariani, el crédito “foráneo”. Las burlas que se gastó, le valieron la promesa de una paliza y la orden de intervenir en otra prueba de 800 metros, que habría de correrse de inmediato (…) Y corrió… y le ganó nada menos que a Acosta, quien luego llegaría a ser campeón sudamericano».

“Pensaban que me achicaría… ¡Qué va! Si lo que siempre me sobró fue el alma torera”, iba a recordar años después el deportista.

Salida de Marcos Paz y la gloria

Importantes y consecutivos triunfos demostraron que Juan Carlos Zabala era más que una promesa. Un día, Marcos Paz le quedó chico a “Zabalita” y el profesor de la Colonia, Alejandro Stirling, decidió que debía abrir horizontes. De esta manera, el instructor comenzó a mostrarlo afuera.

El Ñandú Criollo, tal como lo apodó el diario Crítica, comparándolo, por su velocidad, con el ave corredora, emprendió una carrera en el atletismo que le abrió paso a nivel nacional donde ganó títulos locales y también un sudamericano, y finalmente lo hizo llegar a Europa, continente que conquistó en 1931 (36 carreras ganadas sobre 34).

Tras este ascenso en el deporte global, su día dorado llegaría el 7 de agosto de 1932, durante su participación en el Maratón olímpico en Los Ángeles, Estados Unidos. Allí consiguió el oro olímpico e hizo ondear la bandera Argentina en lo más alto del atletismo mundial. Su tiempo fue de 2 horas 31 minutos 36 segundos, récord para la época.

Zabala ganó la carrera de Los Ángeles 1932 en 2 horas, 31 minutos y 36 segundos

Su carrera olímpica continuaría, sin alcanzar nuevamente el oro, pero llegando a buenas marcas en el ranking mundial. En su vida, tan misteriosa como gloriosa, además de diversos laureles recibió los premios Konex de Platino Atletismo y Deportes Diploma al Mérito Atletismo (ambos en 1980).

Juan Carlos Zabala falleció en Buenos Aires, el 24 de enero de 1983, a los 71 años. Su legado quedará como una marca imborrable en la historia del deporte nacional y es orgullo de la localidad en donde se crío: Marcos Paz.

Para conmemorarlo, en la ciudad se corre la Maratón Zabala en la Colonia Gutiérrez, una actividad que se realiza cada año en honor a «zabalita», al ñandú criollo, al ganador de la medalla olímpica de oro en 1932.

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