PASO 2021: Cuando no alcanza una lista

"La crisis de representatividad tiene que ver más con una crisis de representantes que de representados. La apatía y la bronca del 39% del electorado traen la oportunidad de pensar desde las realidades mayoritarias del día a día", escribe Natalia Tangona, militante feminista e integrante de la Mesa Marcos Paz por el Derecho al Aborto

PASO 2021: Cuando no alcanza una lista

"La crisis de representatividad tiene que ver más con una crisis de representantes que de representados. La apatía y la bronca del 39% del electorado traen la oportunidad de pensar desde las realidades mayoritarias del día a día", escribe Natalia Tangona, militante feminista e integrante de la Mesa Marcos Paz por el Derecho al Aborto

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.Por estos días los medios hegemónicos redoblan la apuesta: la polarización social está medianamente servida y el banquete, ya se sabe, suele ser muy jugoso para el mismo puñado de siempre que –en la naciente segunda década del siglo XXI- se enjuaga la cara echando mano de lenguaje rebelde.
.
Es curioso que esta polaridad mediática cobre fuerza desde el revoltijo: si algo nuevo han dejado las PASO del domingo anterior es que, al parecer, el agua y el aceite sí se mezclan.
.
¿Dónde quedan las realidades de las mujeres, las niñeces, las disidencias sexuales, las racializadas, las migrantes y les jóvenes en las lecturas apresuradas que -para sorpresa de nadie- también nos excluyen y llevan por delante?
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Repasemos un poco las evaluaciones que están circulando.
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El economista neo fascista que alcanzó el 13% en CABA (no vamos a arrobarlo, menudo favor de comunitys managers ad-honorem le hacen muches en las redes) recurre a la imagen alborotada, gritona, despeinada y barderamente liberal, y le funciona.
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Manes –un sarmientino sacado de la Argentina de fines del 1800- anuncia un modelo de educación de primer mundo, rebeldía londinense y rapea que su voto es “clandestino”, y le funciona.
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Pero, ¿con quienes les funciona? Ambos, antiderechos, han tenido pantalla por doquier y las herramientas hegemónicas a disposición para instalar sus discursos en los medios. ¿Acaso ésta es la única causa del llamado “avance de la derecha”? No, porque lo cierto es que para que exista un avance tiene que haber un retroceso y es necesario asumir que – lejos de retroceder- capitalizaron desde 2015 un núcleo fuerte de votantes del 30 y pico por ciento que les apoyan con mucha conciencia, nada nuevo bajo el sol.
.
Digamos todo: nadie le roba votos a la derecha, pueden moverse a una u otra facción pero se quedan en la derecha (el peronismo ya no puede decir lo mismo de su dinámica histórica).
.
¿Podemos hacer a un lado el hecho de que el fortalecimiento mundial de los conservadurismos es una tendencia que pega un coletazo local? No, miremos el mapa, estamos rodeades amigues y el peligro potencial radica en la llegada de los discursos nacionalistas a la juventud, camuflándose en el lookete antisistema.
.
Entonces, ¿lo del domingo fue a causa de la pandemia y el cansancio generado por el aislamiento social? No es mero cansancio por hastío: es el recorte de derechos básicos que van más allá del derecho a movilizarse y que golpeó la vida cotidiana y tangible de los sectores populares.
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¿La culpa es de la desmemoria del pueblo? Este es, sin dudas, el argumento más pobre al que, no pocas personas, se atrevieron a recurrir, y resulta penoso. Quizás una de las demostraciones más importante de estas PASO es que la sociedad aprendió a jugar el juego con las reglas de la democracia aunque no nos gusten los resultados numéricos: el voto en blanco y el ausentismo vienen a plantear algo más.

.¿Por qué mirar a ese 39% con más atención que al 61% que sí emitió votos positivos? Porque es nada más y nada menos que el 39% del país, y nada más y nada menos que la segunda fuerza.

El 32,5% del padrón nacional no fue a votar, lo que equivale a más de 11 millones 600 mil personas; se contabilizaron aproximadamente un millón y medio de votos entre blancos, nulos y recurridos (6,5% del padrón); más de 13 millones de personas eligieron la reprimenda electoral. ¿Por qué mirar a ese 39% con más atención que al 61% que sí emitió votos positivos? Porque es nada más y nada menos que el 39% del país, y nada más y nada menos que la segunda fuerza.
.
Fue notoria la poca participación electoral de mujeres, migrantes y jóvenes. Son quienes se han visto más afectades por las carencias económicas, habitacionales, culturales, psico-emocionales y sanitarias profundizadas ante la falta de medidas completas por la actual gestión, tras el desastre macrista. Son quienes vienen sintiendo el peso incrementado de las tareas de cuidado intensificadas entre crianzas, continuidad escolar, enfermedades, la muerte de seres queridos, covid, poscovid, soledad y la guita que no alcanza.
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El #YoMeQuedoEnCasa fue una opción para algunes, porque podían y tenían casa propia.
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Frente a una pandemia, se requiere fortaleza y presencia del Estado, puesto que la ampliación de derechos –más allá de la aprobación de leyes- requiere que estos se garanticen en plenitud, requiere presupuesto idóneo, requiere perspectiva real y territorial de género y diversidad en todos los estamentos estatales tanto política como comunicativamente, requiere el abordaje plurinacional, requiere compromiso efectivo con las niñeces y las juventudes, requiere techo y comida (desalojos, sólo 3 IFES y miles de personas con la Tarjeta Alimentar bloqueada y sin respuesta a los reclamos al Ministerio de Desarrollo Social en plena crisis), requiere el puerta a puerta y el territorio por territorio, requiere menos discurso teórico y más cotidianeidad de carne y hueso.
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¿No la vieron venir? Son los efectos de priorizar desde el Estado la mirada superficial del vaso medio lleno.
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Según la plataforma Mujeres en el poder, la paridad de género en la política es bastante relativa. En el poder legislativo la cantidad de bancas ocupadas por mujeres rondan entre el 38 y el 42%. En una nota en La Tinta la investigadora Virginia Tomassini cita a la politóloga Flavia Freidenberg: “Más mujeres en política, no implica más mujeres con poder en la toma de decisiones”. Pero el dato más relevante es que sólo el 14,3% de los ministerios están encabezados por mujeres y la representatividad en la Corte Suprema se reduce al 20%.
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Se trata de lugares clave para la ejecución de políticas públicas integrales y la garantía de derechos, donde la perspectiva y práctica feminista (y la reforma judicial feminista) es necesaria, urgente y difícil de ser materializada. Ni hablar de que las migrantes, las racializadas, las indígenas y las disidencias sexuales están muy lejos de tantear esos lugares de poder.
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Mabel Bianco dice: “En esta forma de ejercer la política no hay grises, todo es blanco o negro. No cabe reconocer que el otro hizo cosas buenas y que los del lado en que estás de la grieta, también hicieron cosas mal. Esto lleva a no respetar las diferencias y a discriminar a unas u otras personas, esto no es compatible con el feminismo. Por eso habrá pocas candidatas en posiciones claves que abracen el feminismo en cualquiera de sus versiones. Y habrá muchas que se retraen porque no quieren traicionar sus conceptos feministas que les imponen los mandatos rígidos y agrietados de los partidos. La política al estilo western norteamericano no nos da lugar a las feministas para actuar.”
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Está claro que tampoco es suficiente la paridad en las listas si no se reconstruyen a fondo las estructuras y pedagogías de la política, y sin sufrir la fagocitación en el intento.
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La crisis de representatividad tiene que ver más con una crisis de representantes que de representados. La apatía y la bronca del 39% del electorado traen la oportunidad de pensar desde las realidades mayoritarias del día a día. Porque hoy, urge pensar, desde muchos lugares, cómo no continuar habilitándole a los conservadurismos los huecos que les permitan construir esas otras realidades mediáticas donde asentar su poderío político y económico… ¿de acá a noviembre? De acá a los próximos 2 años, aceleremos el paso.
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Nota publicada originalmente en TeleSISA 

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PASO 2021: Cuando no alcanza una lista

"La crisis de representatividad tiene que ver más con una crisis de representantes que de representados. La apatía y la bronca del 39% del electorado traen la oportunidad de pensar desde las realidades mayoritarias del día a día", escribe Natalia Tangona, militante feminista e integrante de la Mesa Marcos Paz por el Derecho al Aborto

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.Por estos días los medios hegemónicos redoblan la apuesta: la polarización social está medianamente servida y el banquete, ya se sabe, suele ser muy jugoso para el mismo puñado de siempre que –en la naciente segunda década del siglo XXI- se enjuaga la cara echando mano de lenguaje rebelde.
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Es curioso que esta polaridad mediática cobre fuerza desde el revoltijo: si algo nuevo han dejado las PASO del domingo anterior es que, al parecer, el agua y el aceite sí se mezclan.
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¿Dónde quedan las realidades de las mujeres, las niñeces, las disidencias sexuales, las racializadas, las migrantes y les jóvenes en las lecturas apresuradas que -para sorpresa de nadie- también nos excluyen y llevan por delante?
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Repasemos un poco las evaluaciones que están circulando.
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El economista neo fascista que alcanzó el 13% en CABA (no vamos a arrobarlo, menudo favor de comunitys managers ad-honorem le hacen muches en las redes) recurre a la imagen alborotada, gritona, despeinada y barderamente liberal, y le funciona.
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Manes –un sarmientino sacado de la Argentina de fines del 1800- anuncia un modelo de educación de primer mundo, rebeldía londinense y rapea que su voto es “clandestino”, y le funciona.
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Pero, ¿con quienes les funciona? Ambos, antiderechos, han tenido pantalla por doquier y las herramientas hegemónicas a disposición para instalar sus discursos en los medios. ¿Acaso ésta es la única causa del llamado “avance de la derecha”? No, porque lo cierto es que para que exista un avance tiene que haber un retroceso y es necesario asumir que – lejos de retroceder- capitalizaron desde 2015 un núcleo fuerte de votantes del 30 y pico por ciento que les apoyan con mucha conciencia, nada nuevo bajo el sol.
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Digamos todo: nadie le roba votos a la derecha, pueden moverse a una u otra facción pero se quedan en la derecha (el peronismo ya no puede decir lo mismo de su dinámica histórica).
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¿Podemos hacer a un lado el hecho de que el fortalecimiento mundial de los conservadurismos es una tendencia que pega un coletazo local? No, miremos el mapa, estamos rodeades amigues y el peligro potencial radica en la llegada de los discursos nacionalistas a la juventud, camuflándose en el lookete antisistema.
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Entonces, ¿lo del domingo fue a causa de la pandemia y el cansancio generado por el aislamiento social? No es mero cansancio por hastío: es el recorte de derechos básicos que van más allá del derecho a movilizarse y que golpeó la vida cotidiana y tangible de los sectores populares.
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¿La culpa es de la desmemoria del pueblo? Este es, sin dudas, el argumento más pobre al que, no pocas personas, se atrevieron a recurrir, y resulta penoso. Quizás una de las demostraciones más importante de estas PASO es que la sociedad aprendió a jugar el juego con las reglas de la democracia aunque no nos gusten los resultados numéricos: el voto en blanco y el ausentismo vienen a plantear algo más.

.¿Por qué mirar a ese 39% con más atención que al 61% que sí emitió votos positivos? Porque es nada más y nada menos que el 39% del país, y nada más y nada menos que la segunda fuerza.

El 32,5% del padrón nacional no fue a votar, lo que equivale a más de 11 millones 600 mil personas; se contabilizaron aproximadamente un millón y medio de votos entre blancos, nulos y recurridos (6,5% del padrón); más de 13 millones de personas eligieron la reprimenda electoral. ¿Por qué mirar a ese 39% con más atención que al 61% que sí emitió votos positivos? Porque es nada más y nada menos que el 39% del país, y nada más y nada menos que la segunda fuerza.
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Fue notoria la poca participación electoral de mujeres, migrantes y jóvenes. Son quienes se han visto más afectades por las carencias económicas, habitacionales, culturales, psico-emocionales y sanitarias profundizadas ante la falta de medidas completas por la actual gestión, tras el desastre macrista. Son quienes vienen sintiendo el peso incrementado de las tareas de cuidado intensificadas entre crianzas, continuidad escolar, enfermedades, la muerte de seres queridos, covid, poscovid, soledad y la guita que no alcanza.
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El #YoMeQuedoEnCasa fue una opción para algunes, porque podían y tenían casa propia.
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Frente a una pandemia, se requiere fortaleza y presencia del Estado, puesto que la ampliación de derechos –más allá de la aprobación de leyes- requiere que estos se garanticen en plenitud, requiere presupuesto idóneo, requiere perspectiva real y territorial de género y diversidad en todos los estamentos estatales tanto política como comunicativamente, requiere el abordaje plurinacional, requiere compromiso efectivo con las niñeces y las juventudes, requiere techo y comida (desalojos, sólo 3 IFES y miles de personas con la Tarjeta Alimentar bloqueada y sin respuesta a los reclamos al Ministerio de Desarrollo Social en plena crisis), requiere el puerta a puerta y el territorio por territorio, requiere menos discurso teórico y más cotidianeidad de carne y hueso.
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¿No la vieron venir? Son los efectos de priorizar desde el Estado la mirada superficial del vaso medio lleno.
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Según la plataforma Mujeres en el poder, la paridad de género en la política es bastante relativa. En el poder legislativo la cantidad de bancas ocupadas por mujeres rondan entre el 38 y el 42%. En una nota en La Tinta la investigadora Virginia Tomassini cita a la politóloga Flavia Freidenberg: “Más mujeres en política, no implica más mujeres con poder en la toma de decisiones”. Pero el dato más relevante es que sólo el 14,3% de los ministerios están encabezados por mujeres y la representatividad en la Corte Suprema se reduce al 20%.
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Se trata de lugares clave para la ejecución de políticas públicas integrales y la garantía de derechos, donde la perspectiva y práctica feminista (y la reforma judicial feminista) es necesaria, urgente y difícil de ser materializada. Ni hablar de que las migrantes, las racializadas, las indígenas y las disidencias sexuales están muy lejos de tantear esos lugares de poder.
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Mabel Bianco dice: “En esta forma de ejercer la política no hay grises, todo es blanco o negro. No cabe reconocer que el otro hizo cosas buenas y que los del lado en que estás de la grieta, también hicieron cosas mal. Esto lleva a no respetar las diferencias y a discriminar a unas u otras personas, esto no es compatible con el feminismo. Por eso habrá pocas candidatas en posiciones claves que abracen el feminismo en cualquiera de sus versiones. Y habrá muchas que se retraen porque no quieren traicionar sus conceptos feministas que les imponen los mandatos rígidos y agrietados de los partidos. La política al estilo western norteamericano no nos da lugar a las feministas para actuar.”
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Está claro que tampoco es suficiente la paridad en las listas si no se reconstruyen a fondo las estructuras y pedagogías de la política, y sin sufrir la fagocitación en el intento.
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La crisis de representatividad tiene que ver más con una crisis de representantes que de representados. La apatía y la bronca del 39% del electorado traen la oportunidad de pensar desde las realidades mayoritarias del día a día. Porque hoy, urge pensar, desde muchos lugares, cómo no continuar habilitándole a los conservadurismos los huecos que les permitan construir esas otras realidades mediáticas donde asentar su poderío político y económico… ¿de acá a noviembre? De acá a los próximos 2 años, aceleremos el paso.
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Es curioso que esta polaridad mediática cobre fuerza desde el revoltijo: si algo nuevo han dejado las PASO del domingo anterior es que, al parecer, el agua y el aceite sí se mezclan.
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¿Dónde quedan las realidades de las mujeres, las niñeces, las disidencias sexuales, las racializadas, las migrantes y les jóvenes en las lecturas apresuradas que -para sorpresa de nadie- también nos excluyen y llevan por delante?
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El economista neo fascista que alcanzó el 13% en CABA (no vamos a arrobarlo, menudo favor de comunitys managers ad-honorem le hacen muches en las redes) recurre a la imagen alborotada, gritona, despeinada y barderamente liberal, y le funciona.
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Manes –un sarmientino sacado de la Argentina de fines del 1800- anuncia un modelo de educación de primer mundo, rebeldía londinense y rapea que su voto es “clandestino”, y le funciona.
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Pero, ¿con quienes les funciona? Ambos, antiderechos, han tenido pantalla por doquier y las herramientas hegemónicas a disposición para instalar sus discursos en los medios. ¿Acaso ésta es la única causa del llamado “avance de la derecha”? No, porque lo cierto es que para que exista un avance tiene que haber un retroceso y es necesario asumir que – lejos de retroceder- capitalizaron desde 2015 un núcleo fuerte de votantes del 30 y pico por ciento que les apoyan con mucha conciencia, nada nuevo bajo el sol.
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Digamos todo: nadie le roba votos a la derecha, pueden moverse a una u otra facción pero se quedan en la derecha (el peronismo ya no puede decir lo mismo de su dinámica histórica).
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¿Podemos hacer a un lado el hecho de que el fortalecimiento mundial de los conservadurismos es una tendencia que pega un coletazo local? No, miremos el mapa, estamos rodeades amigues y el peligro potencial radica en la llegada de los discursos nacionalistas a la juventud, camuflándose en el lookete antisistema.
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Entonces, ¿lo del domingo fue a causa de la pandemia y el cansancio generado por el aislamiento social? No es mero cansancio por hastío: es el recorte de derechos básicos que van más allá del derecho a movilizarse y que golpeó la vida cotidiana y tangible de los sectores populares.
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¿La culpa es de la desmemoria del pueblo? Este es, sin dudas, el argumento más pobre al que, no pocas personas, se atrevieron a recurrir, y resulta penoso. Quizás una de las demostraciones más importante de estas PASO es que la sociedad aprendió a jugar el juego con las reglas de la democracia aunque no nos gusten los resultados numéricos: el voto en blanco y el ausentismo vienen a plantear algo más.

.¿Por qué mirar a ese 39% con más atención que al 61% que sí emitió votos positivos? Porque es nada más y nada menos que el 39% del país, y nada más y nada menos que la segunda fuerza.

El 32,5% del padrón nacional no fue a votar, lo que equivale a más de 11 millones 600 mil personas; se contabilizaron aproximadamente un millón y medio de votos entre blancos, nulos y recurridos (6,5% del padrón); más de 13 millones de personas eligieron la reprimenda electoral. ¿Por qué mirar a ese 39% con más atención que al 61% que sí emitió votos positivos? Porque es nada más y nada menos que el 39% del país, y nada más y nada menos que la segunda fuerza.
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Fue notoria la poca participación electoral de mujeres, migrantes y jóvenes. Son quienes se han visto más afectades por las carencias económicas, habitacionales, culturales, psico-emocionales y sanitarias profundizadas ante la falta de medidas completas por la actual gestión, tras el desastre macrista. Son quienes vienen sintiendo el peso incrementado de las tareas de cuidado intensificadas entre crianzas, continuidad escolar, enfermedades, la muerte de seres queridos, covid, poscovid, soledad y la guita que no alcanza.
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El #YoMeQuedoEnCasa fue una opción para algunes, porque podían y tenían casa propia.
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Frente a una pandemia, se requiere fortaleza y presencia del Estado, puesto que la ampliación de derechos –más allá de la aprobación de leyes- requiere que estos se garanticen en plenitud, requiere presupuesto idóneo, requiere perspectiva real y territorial de género y diversidad en todos los estamentos estatales tanto política como comunicativamente, requiere el abordaje plurinacional, requiere compromiso efectivo con las niñeces y las juventudes, requiere techo y comida (desalojos, sólo 3 IFES y miles de personas con la Tarjeta Alimentar bloqueada y sin respuesta a los reclamos al Ministerio de Desarrollo Social en plena crisis), requiere el puerta a puerta y el territorio por territorio, requiere menos discurso teórico y más cotidianeidad de carne y hueso.
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¿No la vieron venir? Son los efectos de priorizar desde el Estado la mirada superficial del vaso medio lleno.
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Según la plataforma Mujeres en el poder, la paridad de género en la política es bastante relativa. En el poder legislativo la cantidad de bancas ocupadas por mujeres rondan entre el 38 y el 42%. En una nota en La Tinta la investigadora Virginia Tomassini cita a la politóloga Flavia Freidenberg: “Más mujeres en política, no implica más mujeres con poder en la toma de decisiones”. Pero el dato más relevante es que sólo el 14,3% de los ministerios están encabezados por mujeres y la representatividad en la Corte Suprema se reduce al 20%.
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Se trata de lugares clave para la ejecución de políticas públicas integrales y la garantía de derechos, donde la perspectiva y práctica feminista (y la reforma judicial feminista) es necesaria, urgente y difícil de ser materializada. Ni hablar de que las migrantes, las racializadas, las indígenas y las disidencias sexuales están muy lejos de tantear esos lugares de poder.
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Mabel Bianco dice: “En esta forma de ejercer la política no hay grises, todo es blanco o negro. No cabe reconocer que el otro hizo cosas buenas y que los del lado en que estás de la grieta, también hicieron cosas mal. Esto lleva a no respetar las diferencias y a discriminar a unas u otras personas, esto no es compatible con el feminismo. Por eso habrá pocas candidatas en posiciones claves que abracen el feminismo en cualquiera de sus versiones. Y habrá muchas que se retraen porque no quieren traicionar sus conceptos feministas que les imponen los mandatos rígidos y agrietados de los partidos. La política al estilo western norteamericano no nos da lugar a las feministas para actuar.”
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Está claro que tampoco es suficiente la paridad en las listas si no se reconstruyen a fondo las estructuras y pedagogías de la política, y sin sufrir la fagocitación en el intento.
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La crisis de representatividad tiene que ver más con una crisis de representantes que de representados. La apatía y la bronca del 39% del electorado traen la oportunidad de pensar desde las realidades mayoritarias del día a día. Porque hoy, urge pensar, desde muchos lugares, cómo no continuar habilitándole a los conservadurismos los huecos que les permitan construir esas otras realidades mediáticas donde asentar su poderío político y económico… ¿de acá a noviembre? De acá a los próximos 2 años, aceleremos el paso.
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Es curioso que esta polaridad mediática cobre fuerza desde el revoltijo: si algo nuevo han dejado las PASO del domingo anterior es que, al parecer, el agua y el aceite sí se mezclan.
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¿Dónde quedan las realidades de las mujeres, las niñeces, las disidencias sexuales, las racializadas, las migrantes y les jóvenes en las lecturas apresuradas que -para sorpresa de nadie- también nos excluyen y llevan por delante?
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El economista neo fascista que alcanzó el 13% en CABA (no vamos a arrobarlo, menudo favor de comunitys managers ad-honorem le hacen muches en las redes) recurre a la imagen alborotada, gritona, despeinada y barderamente liberal, y le funciona.
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Manes –un sarmientino sacado de la Argentina de fines del 1800- anuncia un modelo de educación de primer mundo, rebeldía londinense y rapea que su voto es “clandestino”, y le funciona.
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Pero, ¿con quienes les funciona? Ambos, antiderechos, han tenido pantalla por doquier y las herramientas hegemónicas a disposición para instalar sus discursos en los medios. ¿Acaso ésta es la única causa del llamado “avance de la derecha”? No, porque lo cierto es que para que exista un avance tiene que haber un retroceso y es necesario asumir que – lejos de retroceder- capitalizaron desde 2015 un núcleo fuerte de votantes del 30 y pico por ciento que les apoyan con mucha conciencia, nada nuevo bajo el sol.
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Digamos todo: nadie le roba votos a la derecha, pueden moverse a una u otra facción pero se quedan en la derecha (el peronismo ya no puede decir lo mismo de su dinámica histórica).
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¿Podemos hacer a un lado el hecho de que el fortalecimiento mundial de los conservadurismos es una tendencia que pega un coletazo local? No, miremos el mapa, estamos rodeades amigues y el peligro potencial radica en la llegada de los discursos nacionalistas a la juventud, camuflándose en el lookete antisistema.
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Entonces, ¿lo del domingo fue a causa de la pandemia y el cansancio generado por el aislamiento social? No es mero cansancio por hastío: es el recorte de derechos básicos que van más allá del derecho a movilizarse y que golpeó la vida cotidiana y tangible de los sectores populares.
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¿La culpa es de la desmemoria del pueblo? Este es, sin dudas, el argumento más pobre al que, no pocas personas, se atrevieron a recurrir, y resulta penoso. Quizás una de las demostraciones más importante de estas PASO es que la sociedad aprendió a jugar el juego con las reglas de la democracia aunque no nos gusten los resultados numéricos: el voto en blanco y el ausentismo vienen a plantear algo más.

.¿Por qué mirar a ese 39% con más atención que al 61% que sí emitió votos positivos? Porque es nada más y nada menos que el 39% del país, y nada más y nada menos que la segunda fuerza.

El 32,5% del padrón nacional no fue a votar, lo que equivale a más de 11 millones 600 mil personas; se contabilizaron aproximadamente un millón y medio de votos entre blancos, nulos y recurridos (6,5% del padrón); más de 13 millones de personas eligieron la reprimenda electoral. ¿Por qué mirar a ese 39% con más atención que al 61% que sí emitió votos positivos? Porque es nada más y nada menos que el 39% del país, y nada más y nada menos que la segunda fuerza.
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Fue notoria la poca participación electoral de mujeres, migrantes y jóvenes. Son quienes se han visto más afectades por las carencias económicas, habitacionales, culturales, psico-emocionales y sanitarias profundizadas ante la falta de medidas completas por la actual gestión, tras el desastre macrista. Son quienes vienen sintiendo el peso incrementado de las tareas de cuidado intensificadas entre crianzas, continuidad escolar, enfermedades, la muerte de seres queridos, covid, poscovid, soledad y la guita que no alcanza.
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El #YoMeQuedoEnCasa fue una opción para algunes, porque podían y tenían casa propia.
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Frente a una pandemia, se requiere fortaleza y presencia del Estado, puesto que la ampliación de derechos –más allá de la aprobación de leyes- requiere que estos se garanticen en plenitud, requiere presupuesto idóneo, requiere perspectiva real y territorial de género y diversidad en todos los estamentos estatales tanto política como comunicativamente, requiere el abordaje plurinacional, requiere compromiso efectivo con las niñeces y las juventudes, requiere techo y comida (desalojos, sólo 3 IFES y miles de personas con la Tarjeta Alimentar bloqueada y sin respuesta a los reclamos al Ministerio de Desarrollo Social en plena crisis), requiere el puerta a puerta y el territorio por territorio, requiere menos discurso teórico y más cotidianeidad de carne y hueso.
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¿No la vieron venir? Son los efectos de priorizar desde el Estado la mirada superficial del vaso medio lleno.
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Se trata de lugares clave para la ejecución de políticas públicas integrales y la garantía de derechos, donde la perspectiva y práctica feminista (y la reforma judicial feminista) es necesaria, urgente y difícil de ser materializada. Ni hablar de que las migrantes, las racializadas, las indígenas y las disidencias sexuales están muy lejos de tantear esos lugares de poder.
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Mabel Bianco dice: “En esta forma de ejercer la política no hay grises, todo es blanco o negro. No cabe reconocer que el otro hizo cosas buenas y que los del lado en que estás de la grieta, también hicieron cosas mal. Esto lleva a no respetar las diferencias y a discriminar a unas u otras personas, esto no es compatible con el feminismo. Por eso habrá pocas candidatas en posiciones claves que abracen el feminismo en cualquiera de sus versiones. Y habrá muchas que se retraen porque no quieren traicionar sus conceptos feministas que les imponen los mandatos rígidos y agrietados de los partidos. La política al estilo western norteamericano no nos da lugar a las feministas para actuar.”
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Está claro que tampoco es suficiente la paridad en las listas si no se reconstruyen a fondo las estructuras y pedagogías de la política, y sin sufrir la fagocitación en el intento.
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La crisis de representatividad tiene que ver más con una crisis de representantes que de representados. La apatía y la bronca del 39% del electorado traen la oportunidad de pensar desde las realidades mayoritarias del día a día. Porque hoy, urge pensar, desde muchos lugares, cómo no continuar habilitándole a los conservadurismos los huecos que les permitan construir esas otras realidades mediáticas donde asentar su poderío político y económico… ¿de acá a noviembre? De acá a los próximos 2 años, aceleremos el paso.
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Fernando Gigena
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¿Dónde quedan las realidades de las mujeres, las niñeces, las disidencias sexuales, las racializadas, las migrantes y les jóvenes en las lecturas apresuradas que -para sorpresa de nadie- también nos excluyen y llevan por delante?
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Manes –un sarmientino sacado de la Argentina de fines del 1800- anuncia un modelo de educación de primer mundo, rebeldía londinense y rapea que su voto es “clandestino”, y le funciona.
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Pero, ¿con quienes les funciona? Ambos, antiderechos, han tenido pantalla por doquier y las herramientas hegemónicas a disposición para instalar sus discursos en los medios. ¿Acaso ésta es la única causa del llamado “avance de la derecha”? No, porque lo cierto es que para que exista un avance tiene que haber un retroceso y es necesario asumir que – lejos de retroceder- capitalizaron desde 2015 un núcleo fuerte de votantes del 30 y pico por ciento que les apoyan con mucha conciencia, nada nuevo bajo el sol.
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Digamos todo: nadie le roba votos a la derecha, pueden moverse a una u otra facción pero se quedan en la derecha (el peronismo ya no puede decir lo mismo de su dinámica histórica).
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¿Podemos hacer a un lado el hecho de que el fortalecimiento mundial de los conservadurismos es una tendencia que pega un coletazo local? No, miremos el mapa, estamos rodeades amigues y el peligro potencial radica en la llegada de los discursos nacionalistas a la juventud, camuflándose en el lookete antisistema.
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Entonces, ¿lo del domingo fue a causa de la pandemia y el cansancio generado por el aislamiento social? No es mero cansancio por hastío: es el recorte de derechos básicos que van más allá del derecho a movilizarse y que golpeó la vida cotidiana y tangible de los sectores populares.
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¿La culpa es de la desmemoria del pueblo? Este es, sin dudas, el argumento más pobre al que, no pocas personas, se atrevieron a recurrir, y resulta penoso. Quizás una de las demostraciones más importante de estas PASO es que la sociedad aprendió a jugar el juego con las reglas de la democracia aunque no nos gusten los resultados numéricos: el voto en blanco y el ausentismo vienen a plantear algo más.

.¿Por qué mirar a ese 39% con más atención que al 61% que sí emitió votos positivos? Porque es nada más y nada menos que el 39% del país, y nada más y nada menos que la segunda fuerza.

El 32,5% del padrón nacional no fue a votar, lo que equivale a más de 11 millones 600 mil personas; se contabilizaron aproximadamente un millón y medio de votos entre blancos, nulos y recurridos (6,5% del padrón); más de 13 millones de personas eligieron la reprimenda electoral. ¿Por qué mirar a ese 39% con más atención que al 61% que sí emitió votos positivos? Porque es nada más y nada menos que el 39% del país, y nada más y nada menos que la segunda fuerza.
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Fue notoria la poca participación electoral de mujeres, migrantes y jóvenes. Son quienes se han visto más afectades por las carencias económicas, habitacionales, culturales, psico-emocionales y sanitarias profundizadas ante la falta de medidas completas por la actual gestión, tras el desastre macrista. Son quienes vienen sintiendo el peso incrementado de las tareas de cuidado intensificadas entre crianzas, continuidad escolar, enfermedades, la muerte de seres queridos, covid, poscovid, soledad y la guita que no alcanza.
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El #YoMeQuedoEnCasa fue una opción para algunes, porque podían y tenían casa propia.
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Frente a una pandemia, se requiere fortaleza y presencia del Estado, puesto que la ampliación de derechos –más allá de la aprobación de leyes- requiere que estos se garanticen en plenitud, requiere presupuesto idóneo, requiere perspectiva real y territorial de género y diversidad en todos los estamentos estatales tanto política como comunicativamente, requiere el abordaje plurinacional, requiere compromiso efectivo con las niñeces y las juventudes, requiere techo y comida (desalojos, sólo 3 IFES y miles de personas con la Tarjeta Alimentar bloqueada y sin respuesta a los reclamos al Ministerio de Desarrollo Social en plena crisis), requiere el puerta a puerta y el territorio por territorio, requiere menos discurso teórico y más cotidianeidad de carne y hueso.
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¿No la vieron venir? Son los efectos de priorizar desde el Estado la mirada superficial del vaso medio lleno.
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Según la plataforma Mujeres en el poder, la paridad de género en la política es bastante relativa. En el poder legislativo la cantidad de bancas ocupadas por mujeres rondan entre el 38 y el 42%. En una nota en La Tinta la investigadora Virginia Tomassini cita a la politóloga Flavia Freidenberg: “Más mujeres en política, no implica más mujeres con poder en la toma de decisiones”. Pero el dato más relevante es que sólo el 14,3% de los ministerios están encabezados por mujeres y la representatividad en la Corte Suprema se reduce al 20%.
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Se trata de lugares clave para la ejecución de políticas públicas integrales y la garantía de derechos, donde la perspectiva y práctica feminista (y la reforma judicial feminista) es necesaria, urgente y difícil de ser materializada. Ni hablar de que las migrantes, las racializadas, las indígenas y las disidencias sexuales están muy lejos de tantear esos lugares de poder.
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Mabel Bianco dice: “En esta forma de ejercer la política no hay grises, todo es blanco o negro. No cabe reconocer que el otro hizo cosas buenas y que los del lado en que estás de la grieta, también hicieron cosas mal. Esto lleva a no respetar las diferencias y a discriminar a unas u otras personas, esto no es compatible con el feminismo. Por eso habrá pocas candidatas en posiciones claves que abracen el feminismo en cualquiera de sus versiones. Y habrá muchas que se retraen porque no quieren traicionar sus conceptos feministas que les imponen los mandatos rígidos y agrietados de los partidos. La política al estilo western norteamericano no nos da lugar a las feministas para actuar.”
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Está claro que tampoco es suficiente la paridad en las listas si no se reconstruyen a fondo las estructuras y pedagogías de la política, y sin sufrir la fagocitación en el intento.
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La crisis de representatividad tiene que ver más con una crisis de representantes que de representados. La apatía y la bronca del 39% del electorado traen la oportunidad de pensar desde las realidades mayoritarias del día a día. Porque hoy, urge pensar, desde muchos lugares, cómo no continuar habilitándole a los conservadurismos los huecos que les permitan construir esas otras realidades mediáticas donde asentar su poderío político y económico… ¿de acá a noviembre? De acá a los próximos 2 años, aceleremos el paso.
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Nota publicada originalmente en TeleSISA 
.
.Por estos días los medios hegemónicos redoblan la apuesta: la polarización social está medianamente servida y el banquete, ya se sabe, suele ser muy jugoso para el mismo puñado de siempre que –en la naciente segunda década del siglo XXI- se enjuaga la cara echando mano de lenguaje rebelde.
.
Es curioso que esta polaridad mediática cobre fuerza desde el revoltijo: si algo nuevo han dejado las PASO del domingo anterior es que, al parecer, el agua y el aceite sí se mezclan.
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¿Dónde quedan las realidades de las mujeres, las niñeces, las disidencias sexuales, las racializadas, las migrantes y les jóvenes en las lecturas apresuradas que -para sorpresa de nadie- también nos excluyen y llevan por delante?
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Repasemos un poco las evaluaciones que están circulando.
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El economista neo fascista que alcanzó el 13% en CABA (no vamos a arrobarlo, menudo favor de comunitys managers ad-honorem le hacen muches en las redes) recurre a la imagen alborotada, gritona, despeinada y barderamente liberal, y le funciona.
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Manes –un sarmientino sacado de la Argentina de fines del 1800- anuncia un modelo de educación de primer mundo, rebeldía londinense y rapea que su voto es “clandestino”, y le funciona.
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Pero, ¿con quienes les funciona? Ambos, antiderechos, han tenido pantalla por doquier y las herramientas hegemónicas a disposición para instalar sus discursos en los medios. ¿Acaso ésta es la única causa del llamado “avance de la derecha”? No, porque lo cierto es que para que exista un avance tiene que haber un retroceso y es necesario asumir que – lejos de retroceder- capitalizaron desde 2015 un núcleo fuerte de votantes del 30 y pico por ciento que les apoyan con mucha conciencia, nada nuevo bajo el sol.
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Digamos todo: nadie le roba votos a la derecha, pueden moverse a una u otra facción pero se quedan en la derecha (el peronismo ya no puede decir lo mismo de su dinámica histórica).
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¿Podemos hacer a un lado el hecho de que el fortalecimiento mundial de los conservadurismos es una tendencia que pega un coletazo local? No, miremos el mapa, estamos rodeades amigues y el peligro potencial radica en la llegada de los discursos nacionalistas a la juventud, camuflándose en el lookete antisistema.
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Entonces, ¿lo del domingo fue a causa de la pandemia y el cansancio generado por el aislamiento social? No es mero cansancio por hastío: es el recorte de derechos básicos que van más allá del derecho a movilizarse y que golpeó la vida cotidiana y tangible de los sectores populares.
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¿La culpa es de la desmemoria del pueblo? Este es, sin dudas, el argumento más pobre al que, no pocas personas, se atrevieron a recurrir, y resulta penoso. Quizás una de las demostraciones más importante de estas PASO es que la sociedad aprendió a jugar el juego con las reglas de la democracia aunque no nos gusten los resultados numéricos: el voto en blanco y el ausentismo vienen a plantear algo más.

.¿Por qué mirar a ese 39% con más atención que al 61% que sí emitió votos positivos? Porque es nada más y nada menos que el 39% del país, y nada más y nada menos que la segunda fuerza.

El 32,5% del padrón nacional no fue a votar, lo que equivale a más de 11 millones 600 mil personas; se contabilizaron aproximadamente un millón y medio de votos entre blancos, nulos y recurridos (6,5% del padrón); más de 13 millones de personas eligieron la reprimenda electoral. ¿Por qué mirar a ese 39% con más atención que al 61% que sí emitió votos positivos? Porque es nada más y nada menos que el 39% del país, y nada más y nada menos que la segunda fuerza.
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Fue notoria la poca participación electoral de mujeres, migrantes y jóvenes. Son quienes se han visto más afectades por las carencias económicas, habitacionales, culturales, psico-emocionales y sanitarias profundizadas ante la falta de medidas completas por la actual gestión, tras el desastre macrista. Son quienes vienen sintiendo el peso incrementado de las tareas de cuidado intensificadas entre crianzas, continuidad escolar, enfermedades, la muerte de seres queridos, covid, poscovid, soledad y la guita que no alcanza.
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El #YoMeQuedoEnCasa fue una opción para algunes, porque podían y tenían casa propia.
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Frente a una pandemia, se requiere fortaleza y presencia del Estado, puesto que la ampliación de derechos –más allá de la aprobación de leyes- requiere que estos se garanticen en plenitud, requiere presupuesto idóneo, requiere perspectiva real y territorial de género y diversidad en todos los estamentos estatales tanto política como comunicativamente, requiere el abordaje plurinacional, requiere compromiso efectivo con las niñeces y las juventudes, requiere techo y comida (desalojos, sólo 3 IFES y miles de personas con la Tarjeta Alimentar bloqueada y sin respuesta a los reclamos al Ministerio de Desarrollo Social en plena crisis), requiere el puerta a puerta y el territorio por territorio, requiere menos discurso teórico y más cotidianeidad de carne y hueso.
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¿No la vieron venir? Son los efectos de priorizar desde el Estado la mirada superficial del vaso medio lleno.
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Según la plataforma Mujeres en el poder, la paridad de género en la política es bastante relativa. En el poder legislativo la cantidad de bancas ocupadas por mujeres rondan entre el 38 y el 42%. En una nota en La Tinta la investigadora Virginia Tomassini cita a la politóloga Flavia Freidenberg: “Más mujeres en política, no implica más mujeres con poder en la toma de decisiones”. Pero el dato más relevante es que sólo el 14,3% de los ministerios están encabezados por mujeres y la representatividad en la Corte Suprema se reduce al 20%.
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Se trata de lugares clave para la ejecución de políticas públicas integrales y la garantía de derechos, donde la perspectiva y práctica feminista (y la reforma judicial feminista) es necesaria, urgente y difícil de ser materializada. Ni hablar de que las migrantes, las racializadas, las indígenas y las disidencias sexuales están muy lejos de tantear esos lugares de poder.
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Mabel Bianco dice: “En esta forma de ejercer la política no hay grises, todo es blanco o negro. No cabe reconocer que el otro hizo cosas buenas y que los del lado en que estás de la grieta, también hicieron cosas mal. Esto lleva a no respetar las diferencias y a discriminar a unas u otras personas, esto no es compatible con el feminismo. Por eso habrá pocas candidatas en posiciones claves que abracen el feminismo en cualquiera de sus versiones. Y habrá muchas que se retraen porque no quieren traicionar sus conceptos feministas que les imponen los mandatos rígidos y agrietados de los partidos. La política al estilo western norteamericano no nos da lugar a las feministas para actuar.”
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Está claro que tampoco es suficiente la paridad en las listas si no se reconstruyen a fondo las estructuras y pedagogías de la política, y sin sufrir la fagocitación en el intento.
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La crisis de representatividad tiene que ver más con una crisis de representantes que de representados. La apatía y la bronca del 39% del electorado traen la oportunidad de pensar desde las realidades mayoritarias del día a día. Porque hoy, urge pensar, desde muchos lugares, cómo no continuar habilitándole a los conservadurismos los huecos que les permitan construir esas otras realidades mediáticas donde asentar su poderío político y económico… ¿de acá a noviembre? De acá a los próximos 2 años, aceleremos el paso.
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Nota publicada originalmente en TeleSISA 

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PASO 2021: Cuando no alcanza una lista

"La crisis de representatividad tiene que ver más con una crisis de representantes que de representados. La apatía y la bronca del 39% del electorado traen la oportunidad de pensar desde las realidades mayoritarias del día a día", escribe Natalia Tangona, militante feminista e integrante de la Mesa Marcos Paz por el Derecho al Aborto

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Fernando Gigena
Periodismo. Leer y escribir.
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.Por estos días los medios hegemónicos redoblan la apuesta: la polarización social está medianamente servida y el banquete, ya se sabe, suele ser muy jugoso para el mismo puñado de siempre que –en la naciente segunda década del siglo XXI- se enjuaga la cara echando mano de lenguaje rebelde.
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Es curioso que esta polaridad mediática cobre fuerza desde el revoltijo: si algo nuevo han dejado las PASO del domingo anterior es que, al parecer, el agua y el aceite sí se mezclan.
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¿Dónde quedan las realidades de las mujeres, las niñeces, las disidencias sexuales, las racializadas, las migrantes y les jóvenes en las lecturas apresuradas que -para sorpresa de nadie- también nos excluyen y llevan por delante?
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El economista neo fascista que alcanzó el 13% en CABA (no vamos a arrobarlo, menudo favor de comunitys managers ad-honorem le hacen muches en las redes) recurre a la imagen alborotada, gritona, despeinada y barderamente liberal, y le funciona.
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Manes –un sarmientino sacado de la Argentina de fines del 1800- anuncia un modelo de educación de primer mundo, rebeldía londinense y rapea que su voto es “clandestino”, y le funciona.
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Pero, ¿con quienes les funciona? Ambos, antiderechos, han tenido pantalla por doquier y las herramientas hegemónicas a disposición para instalar sus discursos en los medios. ¿Acaso ésta es la única causa del llamado “avance de la derecha”? No, porque lo cierto es que para que exista un avance tiene que haber un retroceso y es necesario asumir que – lejos de retroceder- capitalizaron desde 2015 un núcleo fuerte de votantes del 30 y pico por ciento que les apoyan con mucha conciencia, nada nuevo bajo el sol.
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Digamos todo: nadie le roba votos a la derecha, pueden moverse a una u otra facción pero se quedan en la derecha (el peronismo ya no puede decir lo mismo de su dinámica histórica).
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¿Podemos hacer a un lado el hecho de que el fortalecimiento mundial de los conservadurismos es una tendencia que pega un coletazo local? No, miremos el mapa, estamos rodeades amigues y el peligro potencial radica en la llegada de los discursos nacionalistas a la juventud, camuflándose en el lookete antisistema.
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Entonces, ¿lo del domingo fue a causa de la pandemia y el cansancio generado por el aislamiento social? No es mero cansancio por hastío: es el recorte de derechos básicos que van más allá del derecho a movilizarse y que golpeó la vida cotidiana y tangible de los sectores populares.
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¿La culpa es de la desmemoria del pueblo? Este es, sin dudas, el argumento más pobre al que, no pocas personas, se atrevieron a recurrir, y resulta penoso. Quizás una de las demostraciones más importante de estas PASO es que la sociedad aprendió a jugar el juego con las reglas de la democracia aunque no nos gusten los resultados numéricos: el voto en blanco y el ausentismo vienen a plantear algo más.

.¿Por qué mirar a ese 39% con más atención que al 61% que sí emitió votos positivos? Porque es nada más y nada menos que el 39% del país, y nada más y nada menos que la segunda fuerza.

El 32,5% del padrón nacional no fue a votar, lo que equivale a más de 11 millones 600 mil personas; se contabilizaron aproximadamente un millón y medio de votos entre blancos, nulos y recurridos (6,5% del padrón); más de 13 millones de personas eligieron la reprimenda electoral. ¿Por qué mirar a ese 39% con más atención que al 61% que sí emitió votos positivos? Porque es nada más y nada menos que el 39% del país, y nada más y nada menos que la segunda fuerza.
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Fue notoria la poca participación electoral de mujeres, migrantes y jóvenes. Son quienes se han visto más afectades por las carencias económicas, habitacionales, culturales, psico-emocionales y sanitarias profundizadas ante la falta de medidas completas por la actual gestión, tras el desastre macrista. Son quienes vienen sintiendo el peso incrementado de las tareas de cuidado intensificadas entre crianzas, continuidad escolar, enfermedades, la muerte de seres queridos, covid, poscovid, soledad y la guita que no alcanza.
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El #YoMeQuedoEnCasa fue una opción para algunes, porque podían y tenían casa propia.
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Frente a una pandemia, se requiere fortaleza y presencia del Estado, puesto que la ampliación de derechos –más allá de la aprobación de leyes- requiere que estos se garanticen en plenitud, requiere presupuesto idóneo, requiere perspectiva real y territorial de género y diversidad en todos los estamentos estatales tanto política como comunicativamente, requiere el abordaje plurinacional, requiere compromiso efectivo con las niñeces y las juventudes, requiere techo y comida (desalojos, sólo 3 IFES y miles de personas con la Tarjeta Alimentar bloqueada y sin respuesta a los reclamos al Ministerio de Desarrollo Social en plena crisis), requiere el puerta a puerta y el territorio por territorio, requiere menos discurso teórico y más cotidianeidad de carne y hueso.
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¿No la vieron venir? Son los efectos de priorizar desde el Estado la mirada superficial del vaso medio lleno.
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Según la plataforma Mujeres en el poder, la paridad de género en la política es bastante relativa. En el poder legislativo la cantidad de bancas ocupadas por mujeres rondan entre el 38 y el 42%. En una nota en La Tinta la investigadora Virginia Tomassini cita a la politóloga Flavia Freidenberg: “Más mujeres en política, no implica más mujeres con poder en la toma de decisiones”. Pero el dato más relevante es que sólo el 14,3% de los ministerios están encabezados por mujeres y la representatividad en la Corte Suprema se reduce al 20%.
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Se trata de lugares clave para la ejecución de políticas públicas integrales y la garantía de derechos, donde la perspectiva y práctica feminista (y la reforma judicial feminista) es necesaria, urgente y difícil de ser materializada. Ni hablar de que las migrantes, las racializadas, las indígenas y las disidencias sexuales están muy lejos de tantear esos lugares de poder.
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Mabel Bianco dice: “En esta forma de ejercer la política no hay grises, todo es blanco o negro. No cabe reconocer que el otro hizo cosas buenas y que los del lado en que estás de la grieta, también hicieron cosas mal. Esto lleva a no respetar las diferencias y a discriminar a unas u otras personas, esto no es compatible con el feminismo. Por eso habrá pocas candidatas en posiciones claves que abracen el feminismo en cualquiera de sus versiones. Y habrá muchas que se retraen porque no quieren traicionar sus conceptos feministas que les imponen los mandatos rígidos y agrietados de los partidos. La política al estilo western norteamericano no nos da lugar a las feministas para actuar.”
.
Está claro que tampoco es suficiente la paridad en las listas si no se reconstruyen a fondo las estructuras y pedagogías de la política, y sin sufrir la fagocitación en el intento.
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La crisis de representatividad tiene que ver más con una crisis de representantes que de representados. La apatía y la bronca del 39% del electorado traen la oportunidad de pensar desde las realidades mayoritarias del día a día. Porque hoy, urge pensar, desde muchos lugares, cómo no continuar habilitándole a los conservadurismos los huecos que les permitan construir esas otras realidades mediáticas donde asentar su poderío político y económico… ¿de acá a noviembre? De acá a los próximos 2 años, aceleremos el paso.
.
Nota publicada originalmente en TeleSISA 
.
.Por estos días los medios hegemónicos redoblan la apuesta: la polarización social está medianamente servida y el banquete, ya se sabe, suele ser muy jugoso para el mismo puñado de siempre que –en la naciente segunda década del siglo XXI- se enjuaga la cara echando mano de lenguaje rebelde.
.
Es curioso que esta polaridad mediática cobre fuerza desde el revoltijo: si algo nuevo han dejado las PASO del domingo anterior es que, al parecer, el agua y el aceite sí se mezclan.
.
¿Dónde quedan las realidades de las mujeres, las niñeces, las disidencias sexuales, las racializadas, las migrantes y les jóvenes en las lecturas apresuradas que -para sorpresa de nadie- también nos excluyen y llevan por delante?
.
Repasemos un poco las evaluaciones que están circulando.
.
El economista neo fascista que alcanzó el 13% en CABA (no vamos a arrobarlo, menudo favor de comunitys managers ad-honorem le hacen muches en las redes) recurre a la imagen alborotada, gritona, despeinada y barderamente liberal, y le funciona.
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Manes –un sarmientino sacado de la Argentina de fines del 1800- anuncia un modelo de educación de primer mundo, rebeldía londinense y rapea que su voto es “clandestino”, y le funciona.
.
Pero, ¿con quienes les funciona? Ambos, antiderechos, han tenido pantalla por doquier y las herramientas hegemónicas a disposición para instalar sus discursos en los medios. ¿Acaso ésta es la única causa del llamado “avance de la derecha”? No, porque lo cierto es que para que exista un avance tiene que haber un retroceso y es necesario asumir que – lejos de retroceder- capitalizaron desde 2015 un núcleo fuerte de votantes del 30 y pico por ciento que les apoyan con mucha conciencia, nada nuevo bajo el sol.
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Digamos todo: nadie le roba votos a la derecha, pueden moverse a una u otra facción pero se quedan en la derecha (el peronismo ya no puede decir lo mismo de su dinámica histórica).
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¿Podemos hacer a un lado el hecho de que el fortalecimiento mundial de los conservadurismos es una tendencia que pega un coletazo local? No, miremos el mapa, estamos rodeades amigues y el peligro potencial radica en la llegada de los discursos nacionalistas a la juventud, camuflándose en el lookete antisistema.
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Entonces, ¿lo del domingo fue a causa de la pandemia y el cansancio generado por el aislamiento social? No es mero cansancio por hastío: es el recorte de derechos básicos que van más allá del derecho a movilizarse y que golpeó la vida cotidiana y tangible de los sectores populares.
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¿La culpa es de la desmemoria del pueblo? Este es, sin dudas, el argumento más pobre al que, no pocas personas, se atrevieron a recurrir, y resulta penoso. Quizás una de las demostraciones más importante de estas PASO es que la sociedad aprendió a jugar el juego con las reglas de la democracia aunque no nos gusten los resultados numéricos: el voto en blanco y el ausentismo vienen a plantear algo más.

.¿Por qué mirar a ese 39% con más atención que al 61% que sí emitió votos positivos? Porque es nada más y nada menos que el 39% del país, y nada más y nada menos que la segunda fuerza.

El 32,5% del padrón nacional no fue a votar, lo que equivale a más de 11 millones 600 mil personas; se contabilizaron aproximadamente un millón y medio de votos entre blancos, nulos y recurridos (6,5% del padrón); más de 13 millones de personas eligieron la reprimenda electoral. ¿Por qué mirar a ese 39% con más atención que al 61% que sí emitió votos positivos? Porque es nada más y nada menos que el 39% del país, y nada más y nada menos que la segunda fuerza.
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Fue notoria la poca participación electoral de mujeres, migrantes y jóvenes. Son quienes se han visto más afectades por las carencias económicas, habitacionales, culturales, psico-emocionales y sanitarias profundizadas ante la falta de medidas completas por la actual gestión, tras el desastre macrista. Son quienes vienen sintiendo el peso incrementado de las tareas de cuidado intensificadas entre crianzas, continuidad escolar, enfermedades, la muerte de seres queridos, covid, poscovid, soledad y la guita que no alcanza.
.
El #YoMeQuedoEnCasa fue una opción para algunes, porque podían y tenían casa propia.
.
Frente a una pandemia, se requiere fortaleza y presencia del Estado, puesto que la ampliación de derechos –más allá de la aprobación de leyes- requiere que estos se garanticen en plenitud, requiere presupuesto idóneo, requiere perspectiva real y territorial de género y diversidad en todos los estamentos estatales tanto política como comunicativamente, requiere el abordaje plurinacional, requiere compromiso efectivo con las niñeces y las juventudes, requiere techo y comida (desalojos, sólo 3 IFES y miles de personas con la Tarjeta Alimentar bloqueada y sin respuesta a los reclamos al Ministerio de Desarrollo Social en plena crisis), requiere el puerta a puerta y el territorio por territorio, requiere menos discurso teórico y más cotidianeidad de carne y hueso.
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¿No la vieron venir? Son los efectos de priorizar desde el Estado la mirada superficial del vaso medio lleno.
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Según la plataforma Mujeres en el poder, la paridad de género en la política es bastante relativa. En el poder legislativo la cantidad de bancas ocupadas por mujeres rondan entre el 38 y el 42%. En una nota en La Tinta la investigadora Virginia Tomassini cita a la politóloga Flavia Freidenberg: “Más mujeres en política, no implica más mujeres con poder en la toma de decisiones”. Pero el dato más relevante es que sólo el 14,3% de los ministerios están encabezados por mujeres y la representatividad en la Corte Suprema se reduce al 20%.
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Se trata de lugares clave para la ejecución de políticas públicas integrales y la garantía de derechos, donde la perspectiva y práctica feminista (y la reforma judicial feminista) es necesaria, urgente y difícil de ser materializada. Ni hablar de que las migrantes, las racializadas, las indígenas y las disidencias sexuales están muy lejos de tantear esos lugares de poder.
.
Mabel Bianco dice: “En esta forma de ejercer la política no hay grises, todo es blanco o negro. No cabe reconocer que el otro hizo cosas buenas y que los del lado en que estás de la grieta, también hicieron cosas mal. Esto lleva a no respetar las diferencias y a discriminar a unas u otras personas, esto no es compatible con el feminismo. Por eso habrá pocas candidatas en posiciones claves que abracen el feminismo en cualquiera de sus versiones. Y habrá muchas que se retraen porque no quieren traicionar sus conceptos feministas que les imponen los mandatos rígidos y agrietados de los partidos. La política al estilo western norteamericano no nos da lugar a las feministas para actuar.”
.
Está claro que tampoco es suficiente la paridad en las listas si no se reconstruyen a fondo las estructuras y pedagogías de la política, y sin sufrir la fagocitación en el intento.
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La crisis de representatividad tiene que ver más con una crisis de representantes que de representados. La apatía y la bronca del 39% del electorado traen la oportunidad de pensar desde las realidades mayoritarias del día a día. Porque hoy, urge pensar, desde muchos lugares, cómo no continuar habilitándole a los conservadurismos los huecos que les permitan construir esas otras realidades mediáticas donde asentar su poderío político y económico… ¿de acá a noviembre? De acá a los próximos 2 años, aceleremos el paso.
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